En ese abrazo olvidé el pasado, perdí de vista el paisaje, cambié mi piel por otra.
En ese abrazo sentí que todo el mundo era nuestro. Que el tiempo existe sólo de a ratos, cuando todo se detiene y estamos entrelazados los dos.
La eternidad se fundió en esa unión, y los sueños —y hasta las pesadillas de cada uno se convirtieron en cenizas.
Hoy abrí los ojos y recordé ese abrazo. Mi cuerpo sigue ahí, extraviado en medio de la plaza, esperando al tiempo que no se digna a continuar.
J
“Si existe un infierno en la Tierra, cabe encontrarlo en el corazón melancólico de un hombre.” – Robert Burton
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