Giraba el mundo y ellos vivían absortos. Cada uno por su lado se extrañaban, se buscaban y se perdían. Cuando se dieron cuenta, ya era tarde. El reloj adelanto sus cuerdas. El tiempo, un tirano que todo lo borra, apareció para llevarse todo y el amor, ese que alguna vez fue un fuego divino, terminó seco sin vergüenzas.
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“Y pasan días sin que pase nada, y todo queda pues que pasa todo…” – Miguel de Unamuno
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