Estamos tan cerca. Siento mi mano como se estira y se acopla a la tuya. Puedo sentir como el viento nos da en la cara y un río que corre allá a lo lejos, donde parece que no existe nada más, pero está él, siempre yendo y viniendo. Nos veo acostados sobre una lona, entre árboles, entre mosquitos sedientos, en el medio de un parque inmenso lleno de tonos verdes, amarillos y rojos. Veo un planeta envuelto en alas que se mueve con miedo a frenar. Nos miro flotando en él, y mientras gire no debemos bajar, susurran unas palomas amigables que por experiencia saben más de libertad.
Mientras todo se mueve, cae la tarde, tropieza el sol con una luna menguante y las manos siguen juntas. Apretadas. Estrechándose en el silencio de unos cuerpos que no necesitan hablar. Entre tanto el cielo se espesa, y nosotros nos seguimos mirando sin pestañear, hasta el último segundo de luz para no perdernos de nada.

Estamos tan cerca, tan cerca como la distancia existente entre el 0 y el 1. A simple vista, tan pegados que sólo un número nos separa. Pero la realidad tiene sus toques de ilusión y hay números infinitos entre el 0 y el 1, así como los hay corriendo entre los dos. Aquello es una trampa, y todavía de ella, confieso que sigo siendo cautivo.

J
“Ser cautivo, no es ésta la cuestión. La cuestión es no rendirse.” – Nazim Hikmet
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