Se repite el mismo tono. El número se marca, el teléfono del otro lado parece sonar y el mismo tono se suele repetir. Es corto, marcado, pausado. De compás certero. Es neutro, sin calor, sin emoción.
Generalmente, es sinónimo de espera. Pero para mi es opresión. Es angustia. El tono sigue sonando y ninguna voz lo corta. La voz que puede devolverme la vida no aparece. Me desespero, mis entrañas se mueven como si fuera febrero y un carnaval de tambores comenzará a retumbar. El corazón bombea flujos de nervios y el aliento se congela en esos fríos instantes.
¿Cómo un tono puede enredar tanto la mente? Cómo puede llegar el pecho a querer estallar al oír un simple sonido?
Preguntas que ya tienen respuestas. Pregunto por falta de valor. Tengo miedo. Tengo miedo a perderte. A que nunca más encuentre tu oído del otro lado escuchándome.
Miedo a que te haya pasado algo, y yo, inerte en mi mundo, haya perdido más de lo que alguna vez creí.
Estoy sosteniendo el corazón con una mano nerviosa. Por favor, atendé. No lo dejes caer.
 
J
“El silencio es el ruido más fuerte, quizás el más fuerte de los ruidos. ” – Miles Davis
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