Me siento tan perdido, con el alma tan vacía, como un balde de pochoclos después de la función. Sólo quedan los restos; los pedazos duros que los dientes no pueden romper, esos que ni una mirada caliente los puede salvar. Yo estoy seguro que con un poco de empeño me puedo desarmar. Literalmente digo, una pierna se queda por acá, el brazo derecho de regalo para mamá, y el corazón siempre buscando una mano que lo atrape. Y su mano lo atrapaba. Su mano, todavía, es la única flecha marcando el camino. La única dirección correcta. Es mi lástima, y también quiero creer que es la suya. Es una lástima que su mano no me guíe más. Yo tengo la mía, siempre en la búsqueda incansable de su piel morena.

Me acuesto, no hay nada para hacer. Me asfixio entre paredes desnudas, entre un techo húmedo, con el calor del verano. Y sobre todo entre tus llamadas confusas, tus rechazos rabiosos y un amor que me pide perdón.
Mi esperanza, un boomerang que va y viene, sigue luchando contra ella misma. Tengo un cuerpo que al fin va cediendo, y el sueño anhelado cae por los párpados. Necesito descansar, porque de pensarte, mi cuerpo se está desintegrando.
 
J
“Mi táctica es quedarme en tu recuerdo. No sé cómo ni sé con qué pretexto, pero quedarme en vos”. – Mario Benedetti
Anuncios