Hoy llegué a una conclusión extraña: mi teléfono me entiende. Entiende el profundo de mi ser, ese que nos cuesta descifrar. Hoy volví a abrir tu conversación. Dejé de lado mi orgullo y fui a buscarla. Lo hice con la certeza de que iba a herirme aún más, que iba a ahogarme en un pasado idílico, de saber con certeza a la tortura que me sometía. Pero aún lo hice. Y digo que mi celular me entiende, y hasta se preocupa, porque me congeló el chat, me tiró una ventanita sorpresiva y me hizo cerrar la aplicación.
Podría quedarme buscando los detalles técnicos de lo sucedido pero hoy no quiero hacerlo. Quisiera creer que esta máquina alienadora hoy me entiende. Creer en un destino donde no tenga que sufrir más, sin la necesidad de provocarme, hora tras hora, el suplicio de un precipicio que nos aleja.
Me quedé pensando y a veces, alguien por suerte nos cuida.
Hoy, tristemente, fue un maldito celular.
Mañana, ojalá, seas vos de nuevo.
 
J
“El abismo más profundo es la incapacidad de estar solos”  – H. P. Lovecraft
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