Desperté sin poder ver. Parecía que de momento, la mirada estaba extraviada.
Olí el recuerdo de la noche pasada pero no sentí nada.
Aunque momentos después, me asaltó una ausencia extraña.
Bajé de la cama con el pie izquierdo, sin resoplar por la visión que no volvía.
Atravesé la puerta, no sin antes pisar, las botellas vacías.
Afuera de la habitación, me sentí desnudo, esperando algo que no ocurría.
De golpe, choqué mi cuerpo contra una sombra femenina.
Intenté una súplica de ayuda, pero fue tan inútil como suponía.
Las palabras se quedaron en mi boca y las tragué como desayuno de ese día.
La sombra volvió a mi espectro, demostrando que ya veía.
Hizo ruido el momento cuando la tensión se cernía.
El recuerdo se hizo lento con el corazón sin salida.
Sólo sombras me encuentro, ya sin tu cuerpo como guía.
 
J
 “El amor no prospera en corazones que se amedrentan de las sombras” – William Shakespeare
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