– “Porque un amor que duele, es un amor que vale.” – Pensé, mientras por el asfalto, mis pasos recorrían la ciudad. De repente, me di cuenta que tengo muchos defectos pero acaso… ¿Quién es perfecto? Y la verdad es que nadie entra en esa categoría y lo tengo muy claro. Somos unas grandes perfectas imperfecciones. Lo bueno es que al menos, puedo reconocerme y saber cuál es uno de mis mayores problemas: me la paso hablando solo, recitando palabras que nadie escucha. Sólo mi propia mente, cansada de seguir soportándose.
Repito oraciones. Repito frases. Me creo escenas y las actuó una vez. Las actuó otra vez de una forma distinta y la cantidad de veces que sea, para sentirme tranquilo. Y todo esto para nada. Porque cuando te tengo frente mío, me petrifico. Me transformo en la gárgola más dura que pueda existir. En un témpano frío sin asomo de romperse. Y todo lo que pensaba decir, se esfuma sin previo aviso.
Para colmo, me vuelvo rebelde. Rebelde conmigo mismo y arranco una guerra infinita contra mis emociones. ¿Para qué dejarlas salir? ¿Para qué seguir sosteniendo lo inevitable? Pero si las escondo soy un tonto.
Al final, lo único que logro es comerme poco a poco el único bocho que me tocó.
“Un amor que duele, es uno que vale”. Si, todavía lo sigo pensando. Pero ya no sé si quiero seguir clavándome cuchillos a cada rato.
 
J
“En nuestro planeta, solo podemos amar sufriendo y a través del dolor. No sabemos amar de otro modo ni conocemos otra clase de amor.” – Fiódor Dostoyevski
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