Me gustaría saber por donde se empieza a olvidar. Me gustaría saber por donde empezar a elegir.
Por mucho tiempo, estuve empecinado con ella. Y lo único que logré, fue recordar. Cada mueca, con sus detalles y sus susurros. Cada mirada, con sus llantos y alegrías. Recordar sin frenos en una carretera sin desvíos y donde el único paisaje a la vista, era el suyo. Y mientras tanto, el dolor seguía comiendo su banquete dentro mio, tranquilo, satisfecho y sin inmutarse.
El recuerdo siempre es agridulce. No puedo decir que todo es un suplicio. Pero es una sensación tan ambigua que me desespera. Porque me atrapa en un ciclo que sueña con volver a esos momentos. Momentos donde las sonrisas ganaban el cielo, donde los silencios descansaban cómodos con el viento, donde su voz me hacía olvidar el transcurso del tiempo. Me encierra en una pecera de cristal y ahí dentro, todo es tan frágil. La mínima emoción rompe el encanto y siento correr la humedad por un rostro cansado.
Si fuera tan fácil elegir los recuerdos y los olvidos, no existirían corazones rotos. Pero sinceramente creo que siempre hay un corazón roto con ganas de curar otro.
     
J
“La melancolía no es sino un recuerdo que se ignora.” – Gustave Flaubert
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