Soles ser una espina dolorosa. A veces, sencillamente, un recuerdo feliz. Es muy ambiguo el sentimiento al recordar y francamente, no es necesario hacerlo tanto. Pero te encuentro en tantos lugares que se torna una tarea extremadamente difícil.
Te me apareces en los áloes que cuidan la piel y el cuerpo. En las calles de Villa Crespo y aledaños, apareces en carteles indicando pertenencia y ubicación. Me cruce también con vos en Santa fe mientras recorría la provincia. Viaje a España y ahí también estabas. Ya no es coincidencia, estás en todos los rincones. Escuchando The Wall te encontré también. Y hasta en mi jardín, tengo una planta que habla de vos. Cuando estoy perdido y sin rumbo aún te encuentro ahí. Y no me olvido de las traducciones latinas de los “ok” o los “alright” ingleses que no paran de recordarme que ahí estás, acechando mi cabeza, comiendo a pedacitos los momentos vividos y poniéndole play a ese cd ya tan rayado de escucharse sin parar.
Pero ya me resigne a evitarte. Porque aprendí a vivir con tu nombre a mi alrededor. Y si por alguna casualidad, este texto llega a vos, verás que otro no te mirará con los mismos ojos que te abrazaba yo.
 
J

“La razón puede advertirnos sobre lo que conviene evitar; sólo el corazón nos dice lo que es preciso hacer.” – Joseph Joubert

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