Atardecer de nubes y futuras estrellas, el cielo anticipando una jornada de dulce sabor. Espero el bondi que, como me suele pasar, se esta haciendo rogar. Cuando por fin llega, estaba mirando para otro lado. A veces, la suerte esta de tu lado y otra persona está detrás esperando y prestando atención.
Me subo, pago, encuentro lugar y me siento. La cabeza viaja tanto como el cuerpo dentro del transporte colectivo. Viaja sentada en hombros y piensa.
Todo es tan probable. De solo pensar por un segundo que no lo es, me miento descaradamente. No puedo depender de mis sentidos. Al menos, no de los cinco comunes. La intuición tendría que ser mas ponderada y estoy seguro, le tendría y tendríamos que darle más bola.
El negro puede cambiar a blanco, como así el tiempo transformarse en polvo. En un polvo libre de los agarres de un destino siempre similar. Porque si deseo trascender, si deseo realizarme, el tiempo no tiene valor. Lo único que vale es lo eterno y, claramente, no esta rodeado de horas ni de minutos. Lo eterno esta hecho de momentos y de algo tan intangible como el rumor del viento.
Viajo pensando y no logro sentir algo concreto. Consigo hacerme una calesita en preguntas y en intentos de deseos. Mientras tanto, un indio canta a mis oídos, algunas palabras sabias. Voy a apagar esta máquina. Solo resta escuchar la canción que viene a continuación.
 
J
“En la lucha contra la realidad, el hombre sólo tiene un arma: la imaginación”. – Theóphile Gautier
Anuncios