Estoy agotado de escribir historias, cuentos fantásticos y tertulias para un futuro incierto. El silencio es ensordecedor. La distancia del uno con el otro empaña el jardín más floreciente.
Sólo son espinas las que se imponen y dominan a la que alguna vez supo ser una rosa de color negro, de la más bellas que han existido. Y no me vengan con qué lo oscuro es malo. No me vengan a prepotear con qué otro color, con qué el rojo es mejor. Yo me envolvía de ese negro que nos hacía subir hasta la noche y viajar juntos, acoplarnos en ella como si fuéramos uno, entre estrellas y soles ocultos. Me endulzaba con su azúcar morena hasta no sentir más las extremidades pegadas al cuerpo. Aspiraba cada rincón de su oscuridad inalterable, de la lucidez de un cuerpo sin parangón.
Hoy, no hay oscuridad.
Hoy, tampoco existe la luz.
Ya sólo quedan pedazos muy pequeños. Espinas a mi alcance y lastimaduras al tacto. Ya sólo existen borrosos abrazos y mucho extrañar.
Pero si la extraño no es extraño; sólo quiero que ella vuelva.
 
J
“Se arrepiente entre espinas el que duerme en cama de rosas.” – Francis Quarles
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