¿Qué terrible que es el miedo, no? Nos comprime, nos limita, nos asusta. Nos lleva hasta lo más dentro de nuestro ser. Nos acerca al precipicio, nos hace mirar el abismo y se divierte jugando a lanzarnos en él. Y estando ahí escondidos, le pedimos que nos tire una cuerda, le pedimos la salvación, estamos solos, la soledad llena el mundo y nos hace chiquitos. Tenemos miedo, tememos sobre todo fallar, errar… ¿Somos humanos, no? ¿No dicen siempre que errar es humano? Y todos damos el dicho por hecho, pero seguimos temiendo. Continuamos tratando de nunca fallar.
Ojalá en algún momento, en un tiempo remoto o no tan lejano, aprendamos a no buscar siempre lo correcto, lo exacto, “la verdad” y podamos permitirnos fallar y errar con toda grandeza. Aprender del miedo que siempre nos muestra una salida. Sólo el valiente se enfrenta a él y lo usa como escudo. Si, el miedo también es salida. Aquella que reside solo en nuestro coraje y en nuestra capacidad de siempre buscar el por qué y escalar las montañas en este viaje. Vivamos fallando, vivamos con miedo y vivamos superándolo.
Seamos don quijotes. Encaremos más batallas contra molinos de viento. Tratemos de disfrutar nuestros pasos, aún cuando el viento sople muy a menudo en dirección contraria.
 
J
“El miedo que tienes -dijo Don Quijote- te hace, Sancho, que ni veas ni oyas a derechas, porque uno de los efectos del miedo es turbar los sentidos y hacer que las cosas no parezcan lo que son” –  Miguel de Cervantes Saavedra
“No ha aprendido la lección de la vida aquel que no vence un temor cada día.” Ralph Waldo Emerson
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