Mirando hacia el infinito horizonte. Un par de pies avanzan hacia él y no sienten el asfalto. Son libres. Atrevidos. Desafían al tiempo, a la gravedad y a la luna. Nubes voladoras se posan sobre sus suelas, manejando un pausado levitar. Lo sigo mirando y continúa siendo infinito. Lo es solo para nuestra ingenua cabeza. Porque la cruda realidad es talante. La verdad es que el horizonte está más cerca de lo que pensamos. Es lo que está al fondo del recorrido de nuestra visión, por lo tanto, amigo mío, podemos llegar. Yo les juro que estos pies seguirán siendo atrevidos. Seguirán caminando y descansarán solamente cuando el horizonte, cualquiera sea, se quede rezagado detrás.
 
J
“¡Oh, joven! Deja tus lares y bus­ca otras orillas, y se te abrirán más vastos horizontes.” – Giovanni Papini
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